No muere con el tiempo
aquellos quienes son historia,
que trascienden día a día
y que escriben con los logros.
Existen nombres que perduran
pero las acciones son las perennes,
los ejemplos nunca mueren
si los repetimos con los otros.
Las marcas del trabajo del hombre,
las penas y lágrimas que calla la mujer,
la inocencia y picardía del niño,
la mirada perdida y cansada del anciano,
son el crecimiento de la semilla
que se cultivo en la tierra divina,
tierra fértil que la muerte amenaza,
que quiere arrancar y violar sin permiso,
que siente asco por lo inocente y puro
y que ataca a la virgen naturaleza.
Si hay armonía entre el hombre y el cosmos
todas las revoluciones avanzarían,
ya lo dijo Cristo, Lennon y el vagabundo de la esquina,
sólo falta amor para alcanzar la plenitud de la vida.
viernes, 13 de abril de 2007
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